El blog de Carmen Martín -Abogados-

Trabajo como Abogado, asesoro principalmente, a víctimas de maltrato y personas mayores de 65 años

El blog de Carmen Martín -Abogados- - Trabajo como Abogado, asesoro principalmente, a víctimas de maltrato y personas mayores  de 65 años

De la toma de decisiones en los procesos de ruptura de la convivencia.

 

Una víctima de maltrato no sabe tomar decisiones, porque haga lo que haga, cree que está mal.  Simplemente, se deja llevar por las circunstancias.  Permanece estática, esperando a que el conflicto se resuelva por sí mismo, desaparezca con el paso del tiempo o venga otro y lo solucione.

El problema surge cuando tiene que elegir.  Muchas veces, ella ni siquiera ha puesto la denuncia por maltrato y se ve inmersa en un proceso judicial en el que tiene que empezar a decidir, por ella y por sus hijos, si los tuviere. No sabe elegir, tiene miedo a equivocarse, porque en su cabeza resuenan las palabras que siempre le han acompañado: “no sabes hacer nada”, “eres tonta”, “lo estás haciendo mal”…   Todo esto provoca una gran inseguridad, miedo, el miedo paraliza.

En la vida normal, cuesta tomar decisiones, la cosa se agrava cuando las decisiones a tomar son tan importantes como seguir en pareja o romperla. Si hay hijos, pensamos en el bien de éstos.  ¿Y nuestro bien?

Anteponer el bien de otra persona al nuestro, aunque sean un hijo, es un error muy humano. Si yo miro por el bien de mi pareja o por el de mi hijo, se me olvida quererme a mí mismo.

Todo es una elección, el abogado que me va a representar, lo que quiero pedir, qué es lo que más me interesa en este momento…  Tan complicado. Lo primero, debo romper la relación o es mejor continuar; si rompo: me voy a un piso de alquiler o me quedo en el domicilio familiar, si tengo hijos: si se quedan conmigo o no; que régimen de visitas será el más adecuado para ellos;  podré hacer frente económicamente a toda la situación.  Si decido seguir con la relación; es por lo que yo creo que es el bien de mis hijos o por mí mismo, o porque tengo una necesidad de estar con la otra persona (un adicto a la relación no va a decidir, será la adicción quien lo haga por él).  Es complicado.  Es tanto esfuerzo… a veces por pereza, a veces por cansancio, otras porque creo que no sé hacerlo, inseguridad, miedo, delegamos o nos ponemos en manos de otra persona para que tome la decisión en nuestro lugar.  O simplemente, no hacemos nada, para que un Juez decida sobre nuestro futuro. Esa decisión, no es nuestra.  Hemos dado nuestro poder, a otra persona.

El poder de elegir es nuestro. Sólo yo sé lo que quiero en este momento. No me puedo equivocar nunca si elijo yo mí camino.  Daré más vuelta, será más corto, encontraré más piedras, será más llevadero, da igual, es mi camino y yo he decidido recorrerlo.  Yo he decidido los compañeros de viaje.  Si las cosas no salen como en mi mente estaban previstas, no pasa nada, no me he equivocado, estoy aprendiendo. Asumo que la responsabilidad es mía. Y, yo amo todo lo mío.

Una víctima de maltrato, no se mueve. El miedo paraliza. No toma decisiones. A mí me gusta el ejemplo que pone una amiga mía. Son como una piedra, que no puede moverse. El inconveniente de las piedras, es que si viene alguien y las da una patada, nunca sabes dónde van a caer.

Ni el abogado, ni el Juez, ni siquiera nosotros mismos tenemos una bola mágica para saber cuál es el mayor bien de nuestro hijo, de nuestra parejaimages[5]…  Únicamente, con la información que tenemos en ese momento, intuimos qué queremos aquí y ahora, con ello, adoptamos una postura u otra. Decidimos defender lo que queremos o decidimos permanecer estáticos. Sabiendo que lo que yo elija, es mío.

Lo que elijan los demás por mí, es mi pérdida de poder