El blog de Carmen Martín -Abogados-

Trabajo como Abogado, asesoro principalmente, a víctimas de maltrato y personas mayores de 65 años

El blog de Carmen Martín -Abogados- - Trabajo como Abogado, asesoro principalmente, a víctimas de maltrato y personas mayores  de 65 años

Del poder y la fuerza.

IMG-20140430-WA000Una víctima de maltrato es capaz de renunciar a todo para que el maltratador le deje en paz, o bien para qué deje en paz a sus hijos.

Un gran error, el maltratador siempre quiere más y más, nunca se va a saciar y nunca va a dejar en paz a su víctima. Se alimenta de ella.

El maltratador emplea la fuerza para conseguir lo que quiere, lucha y lucha porque sabe que su víctima se rendirá, le dará su poder.  Una vez que ya tiene lo que busca, encontrará otra forma de volver a ejercer la fuerza para continuar machacando a su víctima.

Hoy he recibido dos llamadas de dos mujeres muy distintas, ambas han sido maltratadas por sus esposos. El problema que tenían era el mismo. ¿Cuánto va a durar esto? ¿Hasta cuándo voy a seguir así? Quiero que esto se acabe ya, que se quede con todo, pero que me deje en paz a mí y a mis hijos.

Cuando la mujer se planta y dice: NO, el maltratador va a intentar hacerle daño de otra manera. Lamentablemente va a utilizar a los hijos, si obtiene el control de los hijos, le controlará a ella.  Un control doble, por un lado le está diciendo que es mala madre y por otro está ganándose a los hijos, siempre a la fuerza, o con engaños o con dinero.

El marido maltratador, aunque se quede con el piso, con el dinero, con el coche, con todos los bienes materiales, con los hijos, va a continuar ejerciendo la fuerza contra su esposa porque lo que quiere es su poder.  Ese poder que la víctima no sabe que tiene.  El poder de la víctima es su voluntad.

Una mujer  llamaba a su exmarido maltratador “mi loco”, ella decía que “su loco” se alimentaba de las gotas de sangre que le sacaba a ella.  Esta mujer sufría hemorragias cada vez que tenía que ir a juicio.  Tenía asumido que lo que necesitaba “su loco” era que ella pasara por el trauma de un procedimiento judicial, le regalaba su sangre y, hasta la próxima.  “Su loco” era profesor de derecho en una universidad pública, las denuncias y demandas eran numerosas.   Cuando esa mujer asumió su poder, se dio cuenta que los juicios eran una forma de tenerla enganchada, era el maltratador quién necesitaba de esos procedimientos judiciales para seguir alimentándose, para seguir ejerciendo la fuerza sobre ella, tomó consciencia de su cuerpo, sus hemorragias eran una señal de rebeldía.  Ella solía ceder a las pretensiones de “su loco” y  su cuerpo sangraba.  Hasta que comprendió el por qué su cuerpo sangraba, que era una reacción al miedo que le tenía, entonces dejó de sangrar. Dejó de tener miedo.  Su voluntad se convirtió en lucha.  Dejó de pensar el típico “que se quede con todo pero que me deje en paz” y el “hasta cuándo va a durar esto”.  Asumió su poder, luchó por ella, sanó sus heridas, aprendió y perdonó. Debía ser fuerte, no decaer, porque de su debilidad se alimentaba “su loco”.

Tu eres poderosa, tienes el poder de cambiarte a ti misma, puedes empezar a pensar que vas a vencer al miedo y vencerás. En eso reside tu poder, en tu voluntad para cambiar, en que eres creadora de tu futuro, puedes tener el futuro que elijas, no el que te obliguen por la fuerza, sino el que tú has creado.  Puedes ser feliz contigo misma, el maltratador necesita machacar a otro para sentirse bien, emplear su fuerza para dominar, se siente seguro dominando. Pero hay una cosa que no puede controlar: tu poder, tu capacidad para luchar, tu capacidad de crear, de imaginar, de aprender.  La capacidad de aprender, es solo tuya.  Si logras aprender que una de las lecciones del maltrato es hacerte poderosa, serás un león.  Un león no tiene que ejercer la fuerza, la posee.

Lao-tsé

Tu salud y el maltrato.

frase-cuando-una-mujer-ha-sufrido-maltrato-reune-unas-caracteristicas-que-hacen-que-pierda-su-salud-maria-jose-rodriguez-de-armenta-149731[1]Todas las mujeres que sufren maltrato tienen algún problema de salud.

Cuando el sufrimiento, la rabia y la frustración cotidianos no resueltos roban a nuestro cuerpo la energía productora de salud, es esencial llevar sanación y comprensión a nuestros pensamientos, emociones y actos. Las heridas del pasado de una mujer sólo se hacen potencialmente devastadoras para ella, física o emocionalmente, cuando tiene la idea de que lo que le ocurrió en el pasado estuvo mal, que no debió haber ocurrido, y que el maltratador abusó de ella deliberada y conscientemente. Entonces introduce en su patrón emocional y psíquico un modelo conflictivo de cómo debió haber sido su vida, introduce la acusación y la culpa.

La química del conflicto, o indignación justiciera, requiere dos energías importantes: la primera se produce cuando la mujer comienza a recordar que efectivamente fue violada de alguna manera. La segunda se produce cuando interpreta esos acontecimientos desde la perspectiva de que su pareja eligió hacerle eso a ella de un modo deliberado y consciente. Esta actitud mental, no el abuso, es lo que crea la enfermedad.

La «indignación justiciera» produce efectos nocivos en el propio cuerpo. Quedarse atascada en esa energía durante mucho tiempo es autodestructivo. Cuanto más tiempo permanecemos en esa modalidad, buscando a un agresor a quien culpar de lo que sucedió, ya sean los hombres, nuestra madre, el Gobierno o los abogados, más se nos agota la energía del cuerpo.  Lo que está fuera de ti es efímero, lo que está dentro de ti es indestructible.  Si sanamos el maltrato, sana nuestra mente y nuestro cuerpo.

 

Si quieres abundar en este tema, te recomiendo el libro: “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer” de la Doctora Chistiane Northrup.