El blog de Carmen Martín -Abogados-

Trabajo como Abogado, asesoro principalmente, a víctimas de maltrato y personas mayores de 65 años

El blog de Carmen Martín -Abogados- - Trabajo como Abogado, asesoro principalmente, a víctimas de maltrato y personas mayores  de 65 años

Mujer, maltrato y discapacidad.

img1[1]

El 80% de las mujeres con discapacidad ha sufrido maltrato.  A nivel estatal, no existen programas de tratamiento psicológico en víctimas con discapacidad intelectual que han sido víctimas de abuso sexual.

La cifra asusta y, sin embargo, está ahí. Contamos con pocos estudios sobre discapacidad, la discapacidad sólo preocupa a los familiares del discapaz. Lamentablemente, es cierto, salvo contadas excepciones, si no tienes un familiar discapaz, poco o nada nos preocupan.   Movámonos para que esto cambie.

Europa ha tenido que dar un tirón de orejas a España, en forma de recomendaciones, por no hacer políticas orientadas a la inclusión de las personas con discapacidad. Por ello, ha puesto en marcha un programa estatal de investigación,  prevención e intervención en violencia contra las personas menores de edad con discapacidad intelectual.

Son muchos los factores que hacen las mujeres con discapacidad sufran maltrato. La especial vulnerabilidad, la dependencia de otras personas para la llevar a cabo las actividades normales de la vida, les lleva a ser sumisas y dependientes, la sensación de impunidad en el maltratador, al pensar que la víctima no siente el maltrato, el abandono físico y emocional, la manipulación, también es maltrato, incluso, el propio maltrato causa discapacidad.

Algo que yo había intuido, vino a afirmarlo el Dr. Antonio Gancedo Baranda, pediatra en la consulta de pediatría social, del Hospital Universitario de Alcorcón (Madrid), según el Dr. Gancedo, el maltrato disminuye la capacidad intelectual.  Se estima que del 3 al 19% de gestantes sufre violencia de género.  Si una madre durante la gestación es sometida a maltrato, el feto también sufre maltrato, sus hijos nacerán con bajo peso entre otras dolencias.  El estrés continuado aumenta los niveles de cortisol en sangre, hipercortisolemia. El cortisol en sangre genera daños severos en la estructura nerviosa, endocrina, sistema inmune…

La vulnerabilidad frente al maltrato de las personas con discapacidad, no desciende con la edad, al contrario, están viviendo durante más tiempo la experiencia traumática, tienen dificultad para entender lo que está sucediendo, se aíslan, no se lo cuentan a nadie, porque el maltrato en muchas ocasiones proviene de la persona que les cuida.

Cuando hay respeto a la dignidad de la persona, no hay violencia, la violencia se da cuando no hay respeto a la dignidad de la persona.  La dignidad es tratar a alguien por su valor en sí.

esta[1]

 

De la toma de decisiones en los procesos de ruptura de la convivencia.

 

Una víctima de maltrato no sabe tomar decisiones, porque haga lo que haga, cree que está mal.  Simplemente, se deja llevar por las circunstancias.  Permanece estática, esperando a que el conflicto se resuelva por sí mismo, desaparezca con el paso del tiempo o venga otro y lo solucione.

El problema surge cuando tiene que elegir.  Muchas veces, ella ni siquiera ha puesto la denuncia por maltrato y se ve inmersa en un proceso judicial en el que tiene que empezar a decidir, por ella y por sus hijos, si los tuviere. No sabe elegir, tiene miedo a equivocarse, porque en su cabeza resuenan las palabras que siempre le han acompañado: “no sabes hacer nada”, “eres tonta”, “lo estás haciendo mal”…   Todo esto provoca una gran inseguridad, miedo, el miedo paraliza.

En la vida normal, cuesta tomar decisiones, la cosa se agrava cuando las decisiones a tomar son tan importantes como seguir en pareja o romperla. Si hay hijos, pensamos en el bien de éstos.  ¿Y nuestro bien?

Anteponer el bien de otra persona al nuestro, aunque sean un hijo, es un error muy humano. Si yo miro por el bien de mi pareja o por el de mi hijo, se me olvida quererme a mí mismo.

Todo es una elección, el abogado que me va a representar, lo que quiero pedir, qué es lo que más me interesa en este momento…  Tan complicado. Lo primero, debo romper la relación o es mejor continuar; si rompo: me voy a un piso de alquiler o me quedo en el domicilio familiar, si tengo hijos: si se quedan conmigo o no; que régimen de visitas será el más adecuado para ellos;  podré hacer frente económicamente a toda la situación.  Si decido seguir con la relación; es por lo que yo creo que es el bien de mis hijos o por mí mismo, o porque tengo una necesidad de estar con la otra persona (un adicto a la relación no va a decidir, será la adicción quien lo haga por él).  Es complicado.  Es tanto esfuerzo… a veces por pereza, a veces por cansancio, otras porque creo que no sé hacerlo, inseguridad, miedo, delegamos o nos ponemos en manos de otra persona para que tome la decisión en nuestro lugar.  O simplemente, no hacemos nada, para que un Juez decida sobre nuestro futuro. Esa decisión, no es nuestra.  Hemos dado nuestro poder, a otra persona.

El poder de elegir es nuestro. Sólo yo sé lo que quiero en este momento. No me puedo equivocar nunca si elijo yo mí camino.  Daré más vuelta, será más corto, encontraré más piedras, será más llevadero, da igual, es mi camino y yo he decidido recorrerlo.  Yo he decidido los compañeros de viaje.  Si las cosas no salen como en mi mente estaban previstas, no pasa nada, no me he equivocado, estoy aprendiendo. Asumo que la responsabilidad es mía. Y, yo amo todo lo mío.

Una víctima de maltrato, no se mueve. El miedo paraliza. No toma decisiones. A mí me gusta el ejemplo que pone una amiga mía. Son como una piedra, que no puede moverse. El inconveniente de las piedras, es que si viene alguien y las da una patada, nunca sabes dónde van a caer.

Ni el abogado, ni el Juez, ni siquiera nosotros mismos tenemos una bola mágica para saber cuál es el mayor bien de nuestro hijo, de nuestra parejaimages[5]…  Únicamente, con la información que tenemos en ese momento, intuimos qué queremos aquí y ahora, con ello, adoptamos una postura u otra. Decidimos defender lo que queremos o decidimos permanecer estáticos. Sabiendo que lo que yo elija, es mío.

Lo que elijan los demás por mí, es mi pérdida de poder

Diferencias físicas.

images40EWU6D3No hay nada que cause más conflicto en clase de acceso a cabos de la Guardia Civil que la diferencia de baremos en las pruebas físicas para hombres y mujeres.  La indignación de los varones porque a las mujeres se les exija menos en las pruebas físicas, es patente, raro es el día que no sacan el tema.

Los argumentos masculinos son variados, “si quieren igualdad, qué corran igual”,  “ellas son más listas, que les suban los baremos en las pruebas de inteligencia”, “qué se queden en la oficina trabajando si no pueden correr”…  Oír esto,  de boca de muchachos jóvenes me produce pena.

Y cuando me refiero a “pena” no quiero decir  “lástima”, no.  Pena, como la definición que da el Código Penal (debe ser deformación profesional). Buscando en la Wikipedia me encuentro con una definición bastante acertada de lo que siento: es el recurso que utiliza el estado para reaccionar frente al delito, expresándose como la “restricción de derechos del responsable”. Pena también se define como una sanción que produce la pérdida o restricción de derechos personales.

En vez de disfrutar de esa diferencia física que nos distingue a los hombres de las mujeres, lo ven cómo algo negativo para ellos. Viva la variedad. Si los hombres y mujeres fuéramos iguales físicamente, el mundo sería un poco aburrido. Hay diversidad, descubrámosla.

Da igual que yo les diga que la Ley pretende hacer iguales a los iguales y desiguales a los desiguales.  No lo entienden.  Menos mal que el Tribunal Constitucional se ha pronunciado en numerosas ocasiones en este sentido “lo que no puede discutirse es la diferente naturaleza física entre hombres y mujeres” y nos recuerda  que es “esa diferencia biológica” la que puede justificar “la disparidad de trato en la calificación de las pruebas físicas necesarias para acceder al curso de capacitación”.

Las mujeres funcionamos con estrógenos y los hombres funcionan con testosterona. Es como un coche de gasolina y uno diésel.  Ellos me contestan, que por supuesto, son de gasolina.  Corren más, pero no dejan de reconocer las prestaciones de un diésel.  Creo que vamos mejorando. Esperemos que para final de curso, por los menos alguno de los alumnos varones miren a sus compañeras de clase como iguales cuando realicen las pruebas físicas.