El blog de Carmen Martín -Abogados-

Trabajo como Abogado, asesoro principalmente, a víctimas de maltrato y personas mayores de 65 años

El blog de Carmen Martín -Abogados- - Trabajo como Abogado, asesoro principalmente, a víctimas de maltrato y personas mayores  de 65 años

A mi vengador justiciero.

images6AI61CM8Te ha matado de un disparo en la sien, a la puerta de tu casa, un desalmado armado. Te ha matado un individuo que no sabía que tú ya estabas muerto en vida.

Ya te había matado el maltrato de tu padre y los abusos que sufriste de niño. No pudiste superarlo. Ello te llevó a otro tipo de abuso, abusaste de sustancias nocivas y cometiste todo tipo de excesos.  Esto es lo que les pasa a algunas víctimas del maltrato que no logra sobreponerse.  Para que luego algún Juez diga que el maltrato sólo es hacia la mujer, que no es hacia los hijos.  Tú sabías bien lo que era ser hijo de una mujer maltratada.

Tú no entendías por qué tu madre llevaba flores a la tumba de tu padre muerto, si la había martirizado en vida.  Tú nunca entendiste por qué tu madre nunca abandonó a tu padre. Eras un niño cuando tu progenitor os llevó a la ruina.  Nunca le perdonaste, ni olvidaste. Nunca le diste las gracias por hacerte tan fuerte y luchador.  Viviste con odio. No aceptaste tu pasado.

Tu cerebro privilegiado y tu curiosidad hizo que te manejaras por los entresijos de la Administración de Justicia como pez en el agua. La vida fue tan injusta contigo que buscaste la justicia de los hombres y  como no la encontraste, decidiste hacer tu propia justicia, por eso luchaste contra el maltrato y defendiste a ultranza los derechos de los discapacitados, esperando una justicia divina.

Pero ya estabas muerto cuando te disparó, ya te había asesinado tu sentimiento de víctima.  Tanto luchar por los demás te ocasionó un trastorno querulante, era la forma en que tu cuerpo expresaba las ganas de justicia. Varios intentos autolíticos, no consiguieron que dejaras de sufrir, ni de luchar por los demás, pero tú ya no vivías.  Hacía mucho que no reías, hacías reír a los demás, pero tú no disfrutabas. Nos hacías la vida más bonita, pero tú no ponías belleza en la tuya. Me regalabas chuches para endulzarme y ramos de flores que siempre traía algún mensajero.  Hacía años que no te veía en persona, eras muy coqueto y, tantos excesos habían mellado tu físico y, querías que te recordara como cuando te conocí.  Por eso digo, que tú ya estabas muerto. No encontraste el amor, no supiste amarte. Yo te amo.

Descansa en paz, César S. R.